viernes, 15 de mayo de 2009

POPULORUM PROGRESSIO

En 1967 se conoció la Carta Encíclica de Paulo VI sobre el “Desarrollo de los Pueblos”. La existencia de un mundo convulsionado y con problemas trágicamente perentorios, conducen a Paulo VI a enfrentar la cuestión fundamental de la propiedad de los bienes naturales.

En ese sentido el lenguaje es realmente inusitado: expresa que si la tierra está hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos de su progreso, todo hombre tiene derecho de encontrar en ella lo que necesita. Sentado este principio Paulo VI avanza diciendo: Todos los demás derechos, sean los que sean, comprendidos en ellos, los de propiedad y los de comercio libre, a ello están subordinados.

No puede pedirse una condenación más categórica del concepto romano del dominio, propio de una civilización dividida en una minoría de amos y una multitud de esclavos. El derecho esclavizador de Roma aún perdura a través de todos los códigos civiles. Correspondería, en consecuencia, que todos los gobiernos se pusieran a revisar fundamentalmente sus códigos para adaptarlos a esta concepción.

Y por si esto fuera poco, Paulo VI subraya: La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse el uso exclusivo lo que supera la propia necesidad, cuando a los demás le falta lo necesario. El derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común.

Paulo VI admite que: La renta disponible no es cosa que queda librada al capricho de los hombres y que las especulaciones egoístas deben ser eliminadas. No podría admitirse que ciudadanos, provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, los transfieran en parte considerable al extranjero, por puro provecho personal sin preocuparse del daño evidente que con ello infligen a la propia patria.

La condena al derecho absoluto sobre la propiedad privada es cristalina. Por desgracia, expresa Paulo VI, se ha construido un sistema en nuestra sociedad, que considera el provecho como motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límite ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno que conduce a la dictadura, ya fue denunciado por Pío XI como generador del Imperialismo Internacional del Dinero, recordando una vez más la norma moral de la economía al servicio del hombre y no viceversa.

 

 

miércoles, 8 de abril de 2009

Cooperativismo: Esperanza de Liberación. Cap. X

CAPITULO X : El Modelo Cooperativista


En nuestros días las economías especulativas, financieras y monetarias han intentado ser más rentables, ahogando y destruyendo a muchas economías productivas y a los sectores sociales con ellos vinculados.
El establecimiento de prioridades en la economía de un país es algo que debe hacerse con criterio de racionalidad. El Estado entonces, debe cumplir una triple función:
De producción (selectiva y cualitativa)
De redistribución (proporcional y progresiva)
De regulación y organización (flexible y revisable)
El nacimiento de un pequeño conglomerado de empresas transnacionales, cuya escala planetaria y gravitación social los transforma en actores políticos de primerísimo orden, casi imposibles de controlar y causantes de un desequilibrio difícilmente reparable en el ámbito de las instituciones de las sociedades capitalista, hacen que mientras algunos ideólogos celebran el “triunfo final” del capitalismo, asegurando que hemos llegado al final de la historia, otra es la triste realidad: las amenazas que se ciernen sobre esta forma de acumulación del capital adquieren una gravedad sin precedentes en su historia. Hoy las amenazas está, en el interior mismo del sistema capitalista y, lo que es peor tienen un rostro “democrático”.
Los capitalismos desarrollados se manifiestan en cuatro dimensiones:
Avasalladora mercantilización de los derechos conquistados por las clases populares a lo largo de más de un siglo de lucha, convertidos ahora en bienes o servicios adquiribles en el mercado. La salud, la educación y la seguridad social dejan de ser derechos inalienables y se convirtieron en simples mercancías.
La falta de equilibrio entre el Estado y el Mercado. Hoy en el Sistema Capitalista se asocia lo estatal a lo malo e ineficiente y “mercados” con los bueno y eficiente.
La creación de un “sentido común” mediante la prédica constante que produce un lavado de cerebro que permite la aplicación de las políticas promovidas por los capitalistas. Este conformismo es la base del “pensamiento único”, con ausencia de todo debate económico significativo.
Lograr el convencimiento de que no existe otra alternativa. Así, se llega inclusive a cambiar el sentido de las palabras. El vocablo” reforma”, por ejemplo, que en el sistema Socialista tiene una connotación positiva y progresista, y que lleva a las transformaciones sociales y económicas orientadas hacia una sociedad más igualitaria, democrática y humana, fue apropiado y reconvertido por los ideólogos del capitalismo a un significado que alude a transformaciones sociales de claro signo involutivo y antidemocrático. Las “reformas económicas” impuestas en América Latina son en realidad “contra-reformas”, orientadas a aumentar la desigualdad económica y social y vaciar de todo contenido a las instituciones democráticas despojando a los hombres y mujeres de su dignidad ciudadana, convirtiéndolos en simples instrumentos al servicio de los negocios de las empresas.

La globalización, en términos políticos, implica una concentración cada vez mayor de poder. En términos económicos es una injusta distribución y también un poder de concentración. En términos humanos es la pérdida de lo que nos pertenece por la incidencia que tiene el contexto exterior sobre nuestra vida cotidiana.
La globalización nos deja “a la intemperie”. Se pierden los niveles de pequeñas proporciones, comenzando a sentirnos ciudadanos del mundo, pero habitantes de ningún lugar. Reducir el destino y el propósito por el cual vivimos a la mera obtención de una tasa de ganancia es, para toda ética y teoría política un esquema que sella el destino de los pueblos.
El cambio necesario se debe asentar sobre las lecciones aprendidas, a saber:
No tener ningún temor a estar a contracorriente del consenso político de nuestra época.
La reafirmación de los principios socialistas no nos exime de la obligación de elaborar una agenda concreta y realista de políticas e iniciativas posibles de ser asumidas y llevadas a cabo.
No aceptar ninguna institución establecida como inmutable. La “locura de pretender acabar con el desempleo, redistribuir ingresos, recuperar el control social de los procesos productivos, profundizar la democracia y afianzar la justicia social no es más “irreal” y “utópica” que la propuesta capitalista.


El peso de esta realidad le impone al Estado la responsabilidad de liderar, gobernar y conducir, tratando de dotar al pueblo de una estrategia de desarrollo y de promover, facilitar y coordinar acciones para implementarla. Este modelo debe basarse en la planificación de estrategias, con una fuerte articulación entre el Estado y las entidades cooperativas, monitoreando y evaluando constantemente las acciones a desarrollar a través de programas participativos, con transparencia y auditoria permanente del ciudadano a la gestión.
El desafío del movimiento cooperativo pasa por la construcción de un verdadero modelo alternativo, con capacidad para provocar cambios cualitativos y cuantitativos en la producción incorporando valor interno y actitud competitiva. Esto significa concebir a la Planificación como un esfuerzo ordenado para producir acciones de desarrollo, que configuren los objetivos de interés común. Debe además constituirse en Coordinador de las acciones orientadas hacia el crecimiento, impulsar el desarrollo y facilidades de las iniciativas para el progreso.
Para llegar a estos fines, es necesaria la instrumentación de un conjunto de mecanismos de coordinación y cooperación entre todas las ramas de la producción.






Reinaldo José Enríquez Bavio
Reinaldojosenriquezbavio.blogspot.com
rjenriquez1@yahoo.com.ar
Eltabanoguarimbero.

Cooperativismo: Esperanza de Liberación. Cap. IX

CAPÍTULO IX:

CIENCIA Y PLANIFICACIÓN COOPERATIVISTA





Los pueblos desean ardientemente acabar con el atraso económico y cultural e incorporarse al progreso general. Pero este camino no puede ser emprendido sólo con deseos subjetivos. Es preciso que, además se den favorables condiciones históricas objetivas, para las cuales tienen una importancia decisiva el incremento del papel de las cooperativas.
La lucha por la democracia, por una activa participación del pueblo en la gestión de los asuntos de sus países y la presión sobre los gobiernos es a la vez una lucha por la consolidación de la independencia económica. Tal lucha no se halla por lo tanto en contradicción con las exhortaciones de paz sino que, por el contrario, fortalece la paz pues allana el camino al desarrollo democrático de estos países.
Podemos afirmar que la lucha por la paz responde a verdaderas exigencias de los pueblos, para llevar a cabo con éxito las transformaciones sociales que puedan realizarse en uno u otro país.
El movimiento de liberación nacional forma parte del movimiento revolucionario mundial, pero aplicando medidas resueltas y eficaces.
Con hechos y no palabras el movimiento cooperativista es el sistema que contribuye al progreso y a la libertad. Además de prestar una ayuda inapreciable al progreso social en los países que sostienen una lucha de liberación, crean el espíritu de solidaridad a nivel geopolítico.
Es indudable que los éxitos serían aún más grandiosos si se aprovechasen con más plenitud las ventajas de la economía socialista y si se consiguiese librar al sistema de planificación y dirección de la producción de aquellos defectos sustanciales que adolecen.
Ahora, los que tienen en sus manos la dirección práctica de la economía socialista se convencen cada vez más de la necesidad de que la producción y las ciencias económicas se desarrollen paralelamente en estrecha vinculación e incluso en mutuo condicionamiento.
Los defectos de la gestión económica cooperativista, tanto en las distintas empresas como en el conjunto de la economía nacional, se deben en gran medida a que el divorcio entre la teoría y la práctica aún no han sido totalmente superados.
A la práctica no puede satisfacerle una situación en la que el estudio de las leyes económicas se limitan muchas veces a la formulación de definiciones generales. La elaboración de las bases de la política económica y la dirección de la economía exigen que se analicen profundamente los fenómenos concretos y se determinen las vías de utilización consciente de las leyes en cada rama de la actividad económica. Al mismo tiempo aumenta la desconfianza hacia el empleo de métodos puramente empíricos en la evaluación de la labor práctica. El acontecer se encarga, entonces de mostrar en forma cada vez más rotunda, la insuficiencia de tales métodos para poder esclarecer todo el conjunto de procesos económicos en desarrollo y para controlar el mecanismo de la evolución de la economía.
La unión de la teoría con la práctica exige la superación de otro defecto: el insuficiente desarrollo de los estudios económicos ligados con la producción. Así, allí donde se ha alcanzado un nivel bastante alto de las investigaciones teóricas, aparece con toda claridad la insuficiencia de aquellos eslabones encargados de asegurar el paso de la teoría a la práctica y viceversa. A la vez que se amplían los servicios técnicos en las empresas, las oficinas tecnológicas y de proyectos, las secciones experimentales, es preciso crear la base material y organizativa de las investigaciones referidas a la economía y a la organización de la producción y del trabajo, para aplicar a la producción los resultados de tales investigaciones. La experimentación y la experiencia se encargarán de sugerirnos la forma en que esto puede llevarse a cabo, creando y desarrollando los servicios económicos de las empresas, los laboratorio económicos, los laboratorios laborales, etc., estableciendo en las empresas, además del cargo de Ingeniero jefe, el de economista jefe.
Hoy ya no es objeto de debate la necesidad de asegurar un desarrollo de la teoría económica y descubrir y superar las frecuentes desproporciones que surgen entre el nivel de desarrollo de la producción y las formas de su organización. La ciencia económica sólo podrá desempeñar su papel en el desarrollo de la producción siempre y cuando esté estrechamente relacionada con la práctica. La planificación científica y las investigaciones económicas, así como la aplicación de sus resultados a la práctica son en la actualidad uno de los principales problemas de la labor de dirección económica de las empresas cooperativas.
La teoría económica está llamada a asegurar la dirección racional de todo el proceso de desarrollo de la producción. Para ello se requiere una profunda elaboración científica de los métodos de gestión económica sobre la base de los adelantos de la teoría y con una vasta aplicación de los métodos matemáticos y la moderna técnica electrónica. La dirección de la economía contemporánea exige que se estudien no sólo las bases fundamentales del desarrollo de las fuerzas productivas y las principales proporciones de la producción y distribución, sino también las formas, los métodos y recursos que han de asegurar en cada espacio de la actividad y en cada sector los resultados óptimos.
La lentitud con que se aplican en la práctica los resultados de las investigaciones económicas, cuando se intenta analizar los problemas económicos del sistema cooperativista, hace que tengan significación e importancia los sistemas de determinación de precios y salarios, los métodos de la evaluación de la productividad del trabajo y de cálculo de los costos de la producción y de gastos para elaboraciones básicas, los métodos para determinar la eficacia de las inversiones, el progreso técnico, la especialización de la producción, los principios de la distribución territorial de las fuerzas productivas.
La nueva etapa del desarrollo de la cooperación reclama la elaboración de principios y métodos únicos para la confección de balances.
Similares problemas se plantean también en la economía de las distintas ramas (industria, agricultura, construcción, transportes, etc.). Cada una de ellas se debe regir por leyes especiales, que deben ser tenidas en cuenta al determinar las orientaciones que ha de seguir la división de trabajo.
El facto decisivo para el buen desarrollo de la economía basada en un sistema de cooperación es el crecimiento de la productividad del trabajo social, la elevación incesante de la eficacia en los gastos de trabajo. Para lograr estos objetivos se precisa de la utilización cada vez más racional y económica del trabajo. Muchas veces se le da preferencia a las asignaciones para la maquinaria destinada a elevar la productividad del trabajo, frente a las asignaciones para conseguir un ahorro de energía, materia primas y materiales auxiliares.
El establecimiento de un nivel adecuado de materias primas, materiales y artículos terminados con destino a la producción y al consumo tiene una gran importancia para asegurar un elevado ritmo de desarrollo de la economía.
El volumen de las reservas debe responder a la exigencia de la renovación continua e ininterrumpida del proceso productivo, pero no deben superar dicho nivel, pues tales reservas constituyen una parte del fondo de acumulación. Si el nivel es superior a lo previsto, hará que se eleve inútilmente la parte correspondiente a la acumulación a expensas del consumo y se altere la correlación entre las reservas y las inversiones, a expensas de estas últimas.
En el sistema cooperativista se dedica gran atención a la reducción de las reservas hasta el nivel verdaderamente necesario y a la aceleración del ritmo de circulación de bienes y productos.
El desarrollo armónico de la producción obliga a que no sólo se tenga en cuenta las vinculaciones entre las distintas ramas de la fabricación de medios de producción, sino también que se determinen las proporciones de la producción de artículos de uso y consumo sobre la base de un análisis de la demanda de los mismos.
Si no se conoce la estructura de la demanda de consumo y la tendencia de su variabilidad no se puede determinar con acierto las tareas de las ramas de la Industria que suministran artículos industriales de consumo y productos alimenticios.
Es necesario una permanente revisión de los sistemas de planificación en rigor y de los consiguientes estímulos del interés material, que en su forma actual constituyen a veces un obstáculo para el cumplimiento de los planes de producción en cuanto al surtido y calidad.
Otro elemento que debe ser examinado es el de la formación de los precios. Es un error opinar que entre los precios de los medios de producción y los precios de los artículos de uso y consumo no existe una interdependencia objetiva y que los precios de los medios de producción pueden ser establecidos libremente. Tal punto de vista lleva al establecimiento casual de los precios de los medios de producción, frenando el desarrollo de las investigaciones económicas.
El establecimiento de un sistema racional de precios de los medios de producción exige que se elaboren adecuados métodos de los cálculos de los gastos y que se determine con rigor científico el nivel de las acumulaciones y las ganancias.
El perfeccionamiento de la estructura y organización de la producción sobre la base de los principios científicos que surgen de las leyes de desarrollo de las fuerzas productivos brinda posibilidades para proceder a la mecanización y automatización de los procesos productivos a la vez que moviliza grandes reservas de crecimiento de la producción en cantidad y eficacia.
Cada rama de la producción debe ser considerada en forma integral, desde el punto de vista de la especialización y organización compleja de la producción, así como también de una distribución científica de las fuerzas productivas.




Reinaldo José Enríquez Bavio
Reinaldojosenriquezbavio.blogspot.com
rjenriquez1@yahoo.com.ar
Eltabanoguarimbero.

Cooperativismo: Esperanza de Liberación. Cap. VIII

CAPÍTULO VIII:

Relaciones de producción en el Sistema Cooperativista



En todo proceso de producción se establecen determinadas relaciones técnicas entre los distintos agentes de la producción.
El trabajo individual debe ser suplantado, en uso de necesidades sociales, por técnicas de producción acordes a esas necesidades, a saber:
- Cooperación simple, en la que todos los trabajadores realizan la misma tarea ó tareas similares.
- Cooperación compleja, que se establece sobre la base de una división técnica del trabajo.
El proceso de trabajo cooperativo se caracteriza fundamentalmente por la existencia de un trabajo social común, que si es realizado a escala suficientemente amplia requiere una dirección para poner en armonía las diferentes actividades individuales. Esta debe cumplir las funciones generales que nacen de la diferencia entre el movimiento de conjunto del proceso productivo y los movimientos individuales de quienes forman parte de este proceso.
Las relaciones de trabajo deben ser, necesariamente, de colaboración recíproca, en sintonía con la propiedad social de los medios de producción, donde ningún sector de la sociedad vive de la explotación de otro sector. La especialización del trabajador, como agente de producción, tiende a aumentar la productividad de la fuerza de trabajo, al intercambiarse conocimientos y especializaciones. La coordinación de estos factores produce un aumento notable de las fuerzas productivas.
El proceso de producción social debe tender, invariablemente, a un número cada vez mayor de ramas de la producción económica, con la búsqueda constante de un destino cada vez más social del producto (fuerzas productivas/relaciones de la producción). A lo largo de su historia, el curso seguido por la internacionalización de las relaciones económicas en el capitalismo siempre determinó, para las sociedades involucradas, cambios profundos e irreversibles. Este proceso de cambio adquirió mayor potencialidad, en base al vínculo que se establece entre la generalización de la relación laboral y la búsqueda del mayor beneficio. Para ello el capitalismo precisa internacionalizar los ciclos productivos y mundializar los mercados de capital.
Si bien existe temor por el riesgo de una intermediación financiera fuera de control, no constituye el único foco de tormentas. Con la internacionalización de los ciclos fabriles y la aceleración en las innovaciones, se desencadenó también el fenómeno de las capacidades ociosas, el desempleo (especialmente entre los jóvenes y los mayores de 40 años), llevando esta franja de la población a la exclusión social y a la violencia.
El anacronismo del capitalismo se hace más patético con la volatilidad de las condiciones en que se desenvuelve ese mundo. Destruidas las instituciones del “estado de bienestar”, la conducta del capital financiero especulativo, con su fuerte potencialidad desestabilizadora, ha precipitado la crisis del modelo “de mercado”, donde se combinan la concentración de capital, la dislocación en los ciclos productivos, la pauperización social y la turbulencia de la especulación financiera.
Estos rasgos son los que definen un modelo de acumulación y que junto al mayor poder decisorio de las corporaciones multinacionales y el poder de desequilibrio que manifiestan la enorme expansión del capital financiero, provocan nuevas pérdidas de soberanía y cambio en los roles tradicionales de los estados dependientes.
La construcción de una entidad colectiva, en cambio, constituye un proceso de larga duración y de permanente cambio. La participación de toda la sociedad en distintas instancias de los procesos de formulación e instrumentación de políticas socialistas requieren el cambio institucional, estimulando los procesos deliberativos y promoviendo la innovación y la acumulación del aprendizaje. Para ello es necesario una constante comparación a fin de resolver las necesidades de una sociedad activa, diversa y plural.
Para ello, es preciso que exista un cierto consenso en torno al valor de la asociación voluntaria en la construcción de ideales socialistas. Este valor debe estar asociado a la búsqueda de autonomía, a la consolidación de la democracia, al diseño de las instituciones sociales y a la creación de una cultura fundada en el diálogo y el respeto a la diversidad.
Aquí es dónde las organizaciones cooperativas debe desplegar una acción responsable y fundada, contribuyendo a satisfacer aspiraciones sociales, pero siendo fieles a un sentido, fermentando la participación, no en una mera forma declamativa, sino llevando a cabo un proceso de institucionalización de la participación a fin de garantizar la presencia de las mayorías en las decisiones de gestión. Del mismo modo, deberán procurar la institucionalización de la capacidad y de la organización desde las bases, para viabilizar el desarrollo social distributivo y con mejoras en las condiciones de vida. De esta forma, la relación entre participación, capacitación y organización se interrelacionan satisfactoriamente.
Si la actividad cooperativa no logra reflejar la sociedad, pierde toda conexión con la realidad, es tomada con indiferencia por los ciudadanos y es superada por la historia, que como la vida misma es dinámica y en constante mutación.




Reinaldo José Enríquez Bavio
Reinaldojosenriquezbavio.blogspot.com
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Eltabanoguarimbero.

Cooperativismo: Esperanza de Liberación. Cap. VII


CAPÍTULO VII: Participación democrática y cooperativismo


Por muchas razones, el movimiento cooperativo es un fenómeno social revolucionario. Plantea principios inéditos para las actividades económicas: la pretensión del lucro es reemplazado por el de satisfacer la necesidad de la mayoría desestimando poder en el seno de la sociedad a través del aumento del capital.
Estos principios cooperativos expresan conceptos parecidos a los del movimiento obrero con la diferencia que los principios cooperativos pueden ser aplicados rápidamente.
Muchos sostienen que la democracia representa sólo una forma de tomar decisiones. También afirman que la democracia es un concepto aplicable sólo a la política y que no tiene vinculación alguna con los procedimientos de la producción o de las actividades económicas.
Pero existe otra forma de considerar la democracia: si el principio democrático fundamental es la igualdad de todos los hombres es necesario que esa igualdad se encuentre en todos los aspectos de la vida social.
Este enfoque considera entonces que el desarrollo de una sociedad es inseparable al desarrollo de cada uno de sus miembros. En ese sentido el sistema cooperativo es el principal motor para hacer desaparecer las desigualdades económicas, sociales y culturales.
La descentralización del poder económico puede llevarse a cabo si se da la posibilidad a las empresas de propiedad de los movimientos populares de acrecentar su participación en el producto nacional. Y aquí es donde el movimiento cooperativo tiene un papel importante en la implementación de una política económica destinada a aumentar la productividad e impedir la concentración del poder económico.
El papel de las cooperativas es importante no sólo en la protección del consumidor. Además puede ser un factor decisivo hacia un porvenir caracterizado por la participación democrática. Será necesario hallar nuevos modos de estimular la toma de conciencia de sus miembros y de revitalizar sus actividades.
Desde el punto de vista económico, el sistema cooperativo se propone obtener la mayor cantad de bienes al menor costo social posible. Desde el punto de vista educativo, su finalidad es formar hombres capaces de actuar solidariamente en beneficio de todos dentro de un marco de libertad individual.
Los resultados obtenidos por las asociaciones cooperativas se identifican con el progreso social verdadero, que sólo es posible cuando el desarrollo económico va unido con el avance de la libertad y con el ennoblecimiento de la condición humana.
Lo que en el Socialismo se concibe como sociedad libre es la asociación voluntaria de los hombres sobre la base de la posesión común o colectiva de la riqueza. Así la igualdad queda establecida por la abolición de la propiedad individual. Ello implica posesión de todos los medios de producir, organizados para la producción, el cambio y el consumo por medio de asociaciones federadas. Pero esas asociaciones de voluntades deben ser guiadas por técnicos en la materia o aquéllos que demuestren mayor contracción y posean espíritu de entrega hacia el bien común.
Los caminos a tomar deben ser conocidos por la población con la anticipación necesaria, discutidas, debatidas, y aprobadas en asamblea con la intervención de los hombres que tienen la dirección y el trabajo inmediato y, desde luego, a la luz de un programa que sea el vínculo de unión para una esfuerzo para el momento dado, que permita afrontarlo en común, levantando una sola bandera.
Las Instituciones Cooperativas de cualquier tipo son la demostración de la tarea que son capaces de realizar sus socios, a favor de todos. Es evidente entonces que el hombre puede realizar acciones que demuestran su capacidad para la cooperación, que es la forma precisa de trabajar a favor de sí mismo.
Será necesario, entonces, romper con todas las normas que han viciado el razonamiento, dejando de lado la consigna de luchar por la vida, propia de animales inferiores como si al venir al mundo no tuviéramos ya el supremo derecho de vivir sin tener que luchar contra nadie.
Aquí se debe hacer la salvedad de que no venimos a luchar, pero sí a trabajar, porque el trabajo es el esfuerzo útil que engendra solidaridad mientras la lucha es acción que presupone hostilidad, división, pelea.
La cooperación es, por la tanto, la unión para hacer. Los hombres aptos para la cooperación no piden privilegios ni se imponen por la fuerza numérica. Se unen porque tienen la firma convicción de que la capacidad de acción que posee cada individuo con espíritu de cooperación, se multiplica al unirse con otro individuo capaz de sumar su esfuerzo en un propósito común. La unión en la acción, base del cooperativismo, es la única que no anula al individuo, porque lo deja en libertad de sus posibilidades creadoras.
No puede haber mayor aberración, con respecto a lo humanamente justo, que la situación del trabajador en la sociedad capitalista, en la que un solo individuo obtiene para sí tanta utilidad como la que pueden percibir varias personas en igual tiempo, dedicadas a producir lo que él negocia. Este aspecto inmoral de la economía capitalista es corregido por la forma en que actúan los individuos y el uso estrictamente lógico que se le ha dado al capital en el régimen cooperativo.
No obstante, todavía el movimiento cooperativo no ha alcanzado su plenitud, porque esta práctica justa de la distribución está circunscripta a reducidos núcleos. Los resultados del trabajo cooperativo son repartidos en forma equitativa entre los que producen, pero ese núcleo permanece aislado del consumidor y debe vender su producción a sociedades o personas no organizadas cooperativamente.
El sentido moral de la cooperación radica en la educación que el cooperativista va alcanzando, educación que le permite saber que, por mucho que posea el individuo no podrá ser feliz mientras haya otros individuos que padezcan miserias o sufrimientos provenientes de la injusticia social.
“Donde hay una necesidad, existe un derecho”. (Eva Perón).
No hay moral de cooperación sino se sigue la trayectoria y el destino de los bienes producidos o reunidos cooperativamente hasta sus últimas instancias. Un producto realizado especulativamente, imponiéndolo al consumidor sin una necesidad cierta no puede ser reivindicado como de cooperación, aunque en posteriores etapas sea distribuido corporativamente.
Cumplida, en cambio, la elaboración con responsabilidad cooperativa se deben programar las etapas de distribución en un proceso integral.
Este proceso integral consiste en:
Elección del artículo o del servicio que se necesita de acuerdo a la urgencia, comparándolo con otras necesidades y la posibilidad de fabricación del artículo o prestación del servicio. Esta elección debe partir de los propios consumidores o usuarios.
Realización con obreros organizados cooperativamente y con clara conciencia de que el producto o servicio que se ofrece debe ser realizado con honradez y lealtad, pues los realizadores serán a su vez consumidores o usuarios.
Distribución cooperativa, de acuerdo con las reales necesidades del consumidor.
Al determinar los consumidores la conveniencia y oportunidad de fabricar los productos que ellos mismos habrán de consumir, se va regulando la producción sobre bases sociales que destierran la especulación.
No desdeñemos por pequeña que sea, ninguna de nuestras posibles actitudes constructivas. Si realmente queremos un mundo mejor, debemos actuar constantemente con firmeza, tenacidad y fervor en dirección a un preciso sentido de cooperación humana, afirmando en cada uno de nuestras actitudes la meta de una nueva realidad social.



Reinaldo José Enríquez Bavio
Reinaldojosenriquezbavio.blogspot.com
rjenriquez1@yahoo.com.ar
Eltabanoguarimbero.

Cooperativismo: Esperanza de Liberación. Cap. VI

CAPÍTULO VI:

LA SOCIALIZACION COOPERATIVISTA



La renovación científica y técnica impone cambios súbitos en la tecnología que mejora la calidad, disminuye los costos y provocan la aparición de innovaciones lucrativas. Para ello es preciso tener laboratorios, oficinas de diseño, centros para el estudio de publicaciones científicas y técnicas y de patentes.
Estos servicios requieren grandes gastos, pero sólo proporcionan el efecto deseado cuando se tiene un alto nivel de concentración de los estudios científicos, lo que no se puede conseguir, en el capitalismo, sino mediante una más amplia concentración del capital y la producción.
La producción dentro del sistema capitalista proporcionará buenos beneficios sólo si dispone de un mercado amplio y estable, con una competencia moderada.
A una mayor especialización en la producción de determinado producto, le corresponde una cooperación más amplia con otras producciones conexas tecnológicamente.Cuando más se profundiza la división social del trabajo y más se amplia la cooperación, tanto más fuerte es la tendencia a las absorciones y fusiones, en función de las relaciones tecnológicas.
El próximo paso que realizan las grandes empresas multinacionales es la adquisición, mediante fusión, compra del paquete accionario, de las empresas proveedoras de insumos, cuando interpretan que su producción es estratégica para su consolidación monopólica en el mercado.
La centralización del capital no podría ser tan amplia y rápida si no lo estimularan los gobiernos de los países subordinados.
Conforme aumenta la concentración, el Estado burgués incide más y más en ese proceso.
La concentración del capital, lleva a un inmenso despilfarro de las riquezas nacionales, entorpeciendo el empleo de ellas en bien de toda la sociedad. La gran masa de valores creados por los trabajadores no eleva el nivel de vida de éstos, pues de una parte cada vez mayor se apoderan quienes detentan el poder de las empresas multinacionales. Asi, para conformar a los accionistas , los dirigentes de las empresas expolian a los trabajadores para obtener mayor productividad, con ahorro de costos, asegurándose de esta forma su puesto de mando. En este accionar queda reflejada la explotación del hombre por el hombre.
Ante nosotros tenemos, entonces, una realidad compuesta de elementos complejos y de circunstancias cambiantes. Todo ello requiere estudio y análisis para llegar a sus raíces y poder asumir actitudes y proponer soluciones valederas. Resulta entonces hasta negativo estancarse en una verdad definitiva ó rendir culto a una única fórmula de acción, sin buscar nuevos derroteros.



La actitud de mero espectador ó de crítico que reclama respuestas acabadas a todo lo que pregunta para no hacer nada reconoce una complicidad de quienes, mientras no “sientan en carne propia alguna mordedura”, dejan para otros “ arreglar el mundo”.
Si bien todos tenemos, en algún grado, responsabilidad en los procesos sociales, nadie deja de recibir en alguna medida el impacto de la situación circundante. Lo que no se debe aceptar es la acción de quienes, siendo conscientes del peligro, siguen obcecados en un doctrinarismo estéril, discutiendo sobre todos los problemas pero sin buscar como atacarlos allí donde se generan, plantean y deben resolverse.
Se debe tratar, en definitiva, de “no filosofar en torno al mundo y sus desgracias, sino de transformarlo”.
Y es aquí donde adquiere su real dimensión la filosofía práctica, popular y experimental del cooperativismo, ofreciendo uno de los aportes concretos más importantes del siglo XX y el actual..
El movimiento, el método y la finalidad perseguida por el cooperativismo, introduce con fuerza un nuevo concepto de la noción de autoridad de Estado y una nueva forma de definir el gobierno. Allí reside, indudablemente, el carácter revolucionario del cooperativismo.
En ningún estatuto, reglamente, contrato ó convención del movimiento cooperativo se acepta ni se menciona el uso ó el principio de coacción ó empleo de la fuerza.No por eso deja de existir orden en su Movimiento, pues nunca hay orden social verdadero si éste existe apoyado en la violencia. Las luchas por el poder y el hambre voraz de lucro arrojan más combustible al incendio del capitalismo.
En la medida en que el inquieto ingenio del hombre avanza, se divide el trabajo y se multiplican los factores de la organización técnica é industrial, la red de ayuda mutua y de la cooperación es cada vez más importante, hasta que llega el momento en que, sobreponiendose a las divergencias, se comprende la condición soberana del contrato cooperativo regido por sus famosos siete principios.
El tema central del ideal cooperativista es que la única ayuda eficaz que pueden esperar los trabajadores, y el pueblo en general, ha de ser resultado de sus propios esfuerzos.
La revolución que postula el cooperativismo es la opción más generosa y racional.Solo el poder con privilegios apela a la fuerza y a la violencia.
El capitalismo, en su actual crisis, demuestra que es un sistema originado en y por la lucha de grupos opuestos. La capacidad popular del cooperativismo, una racional organización del trabajo y una distribución cooperativa de todos los beneficios de la industria urbana y rural que retornan al consumidor, dan justicia plena al productor, siendo esta la primera etapa superadora.
El siguiente paso es establecer una tendencia organizativa, orientando el movimiento cooperativista hacia la formación de grandes uniones orgánicas cooperativas, afianzando el comunitarismo indefinido.
La economía y el esquema cultural y ético nacido bajo el signo del voluntariado y la cooperación, fueron siempre una creación a medida del hombre y para prestar servicios, no para lucrar ú oprimir.
El mecanismo social y económico cooperativo es en beneficio del trabajo, que vuelve a la totalidad de la población en forma de excedentes ahorrados en función del mismo sistema cooperativista.
La bomba aspirante de la economía capitalista debe ser paralizada para ser reemplazada por un sistema de vasos comunicantes, a través del cooperativismo, más apto para distribuir con equidad las riquezas, en este tiempo de transformación, propia de toda civilización en camino de desarrollarse revolucionariamente. Es aquí donde la acción social del movimiento cooperativista surge en momentos en que la tecnología científica se adelanta aceleradamente con hallazgos revolucionarios capaces de reconstruir el medio social y la conducta colectiva, con medios y recursos de comunicación nunca soñados.

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Reinaldo José Enríquez Bavio
Reinaldojosenriquezbavio.blogspot.com
rjenriquez1@yahoo.com.ar
Eltabanoguarimbero.

Cooperativismo: Esperanza de Liberación. Cap. V


CAPÍTULO V:

Cooperativas: Fundamentación de su gestión económica


La comprensión de la necesidad de una dirección científica de la economía y de un criterio científico para la adopción de medidas prácticas, ha hecho cambiar la actitud de los dirigentes de la economía ante la teoría económica. Entre ellos había quienes se desentendían de los planteamientos teóricos, cediendo el estudio de las ciencias económicas a los “sabios de gabinete”. Ahora, en cambio, los que tienen en sus manos la dirección práctica de la economía se han convencidos cada vez más de la necesidad de que la producción y las ciencias económicas se desarrollen paralelamente y en estrecha vinculación.
Los defectos en la gestión económica cooperativa se deben en gran medida a que el divorcio entre la teoría y la práctica no han sido aún totalmente superados.
La elaboración de las bases de la política económica y la dirección de la economía exige el análisis de los fenómenos concretos y se determinen las vías de utilización de las leyes económicas en cada rama de la actividad. Vemos entonces que es insuficiente la aplicación de determinados métodos para entender los procesos económicos en desarrollo y controlar el mecanismo de la evolución de la economía.
A la vez que se amplían los servicios técnicos en las empresas, será necesario crear la base organizativa de las investigaciones referidas a la economía y a la organización de la producción y del trabajo, aplicando a la producción los resultados de tales investigaciones.
La ciencia económica sólo podrá desempeñar su papel en el desarrollo de la producción siempre y cuando esté relacionada con la práctica.
La dirección de la economía contemporánea exige que se estudien no sólo las bases fundamentales del desarrollo de las fuerzas productivas, de producción y de distribución, sino también las formas, los métodos y recursos que han de asegurar en cada esfera de la actividad práctica y en cada sector los resultados óptimos para las condiciones dadas.
Los principales esfuerzos en materia de planificación deben tener una correspondencia con las necesidades sociales, elaborando un número de variantes de cada plan, para elegir la mejor de ellas, que se apoye en los métodos modernos de centralización y estudio de la información, en los métodos matemáticos de la confección de balances y en el empleo de la electrónica. Aquí es donde se impone la necesidad de criterios comunes, evitando la lentitud con que se ponen en práctica los resultados de las investigaciones económicas.
El factor decisivo para el buen desarrollo de la economía bajo el sistema de cooperación es el crecimiento de la productividad del trabajo social, la elevación de la eficacia de los gastos de trabajo y el objetivo común de satisfacción de la demanda. Si no se conoce la estructura de la demanda de consumo y las tendencias de su variabilidad no se pueden determinar con acierto las tareas de las ramas de la industria que suministran artículos de consumo y productos alimenticios. Sabido es que el principal obstáculo en la estructura de la demanda lo constituye la desproporción entre la producción y la demanda de consumo.
El establecimiento de un sistema de precios exige que se elaboren adecuados únicos de cálculo de los gastos y que se determine el nivel de las acumulaciones y de las ganancias. Es preciso destacar de un modo particular la importancia de estos problemas. Sin llegar a examinar en detalle el complejo mecanismo de los factores que en estrecha dependencia influyen en la política de precios, las finanzas de las empresas cooperativas y el interés material por la elevación de la rentabilidad y la reducción de costos, debe ser motivo de continuo análisis.


Reinaldo José Enríquez Bavio
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